Negocia de grande a grande: tanto si crees que puedes como si no, tienes razón.
Roberto Camhi
Cuando pequeño, mi primer emprendimiento «rentable» fue poner música en fiestas de adolescentes. Esas que los padres les hacen a sus hijos cuando cumplen 13 o 15 años. Con un amigo cada sábado ambientábamos los salones de la fiesta de nuestros compañeros con iluminación de discoteca ochentera y buena música, hasta altas horas de la madrugada. Ese «juego-empresa» de niños me marcó y me enseñó mucho de lo que hoy aplico en mi vida empresarial.
Si tienes 15 años, venderle a un adulto que podría ser tu padre es intimidante. Sientes que tienes la posición de desventaja y muchas veces te lo hacen sentir. Entonces, tienes 2 opciones: negociar de chico a grande o de grande a grande.
Negociar
de grande a grande es sencillamente un ejercicio mental a través del cual te
imaginas que tienes todo el poder de la negociación. Visualizas que tu empresa
es enorme y que, adicionalmente, tienes muchas opciones para hacer negocios,
que ésta es tan sólo una más. Es un acto de la voluntad que domina las
emociones de miedo y desconfianza que te inundan si eres pequeño y tu
contraparte es enorme.
Por el contrario, negociar de chico a grande
es asumir la probable derrota antes de comenzar el duelo. Para que funcione,
claro, debes tener el convencimiento inquebrantable de que ambos nos
necesitamos. A fin de cuentas, es cierto lo que dicen: tanto si crees que
puedes como si no, tienes razón.