Libera tu mente: desaprende y vuelve a aprender

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Desde que nacemos, no dejamos de aprender: Lo hacemos de nuestros padres, de nuestros profesores y de todo aquello que nos rodea. Es una constante de la cual nos sentiremos siempre satisfechos, ya que nos permite desarrollar nuevas habilidades y cultivar nuevas competencias, cada vez más necesarias en el cambiante mundo en el que vivimos.

Con la facilidad que hoy nos da la tecnología, más aún en tiempos de pandemia, la posibilidad de aprender se ha abierto y extendido a un universo mucho más amplio de personas, muchas de las cuales recién comienzan a descubrir lo fascinante que puede ser adentrarse en terrenos hasta ahora desconocidos para ellos.

Estamos en una economía del conocimiento. Ese es el activo más importante y más valorado hoy en día. Ya lo predijo Peter Drucker en 1957: «El activo más valioso en una institución del siglo XXI, sea con o sin fines de lucro, será el conocimiento de sus empleados y su productividad». Por ello, es la información, que con sus infinitas posibilidades de transformación en conocimiento y valor, la que domina todos los ámbitos industriales.

En tiempos de cambios acelerados e impredecibles, como los que vivimos hoy, bien vale preguntarse cuánto de los aprendido nos servirá para enfrentar el futuro. Es probable que tengamos que adaptar nuestros conocimientos y nuestras conductas para poder establecer un nuevo modelo de vida, ante un cada vez más impredecible futuro.

¿Y si en vez de adaptarnos, desaprendemos? Es lo que muchos postulan como la mejor forma de adaptación posible. No se trata de olvidar o despreciar todo lo aprendido en épocas pasadas, sino que más bien se trata de generar un razonamiento lógico más crítico respecto de lo que hasta ahora nos había hecho sentido y había funcionado. Se trata de reaprender, hacer un rewind & reset a muchos de los paradigmas que nos impiden desarrollarnos y modificar nuestras estructuras, para hacer un mejor calce con la sociedad actual y los cambios que nos deparará.

Es evidente, por ejemplo, que un gerente de recursos humanos, ya no puede pensar como lo hacía en el siglo pasado y hoy tendrá que preocuparse de otros aspectos que van mucho más allá del desempeño, como lo son los horarios flexibles, la gestión del conocimiento, el talento y la conciliación trabajo-familia, entre mucho otros. De la misma forma, quien hoy no domine las tecnologías, simplemente será excluido del sistema y, por supuesto, del mercado laboral.

Como nada es para siempre y menos aún el conocimiento, tendremos que aprender a desaprender, como la única forma de crecer personal y profesionalmente, eliminando de nuestra memoria todas aquellas ideas obsoletas e innecesarias , atemporales o equivocadas, para movernos a un modelo de mayor innovación a través del reaprendizaje.

El concepto es simple de explicar, pero no por eso tan fácil de realizar. Se trata de dejar de hacer lo mismo de la misma manera como lo hacíamos hasta ahora, buscando nuevos caminos alternativos, que rompan viejos paradigmas y limitaciones que nos impiden pensar de manera crítica e innovadora.

Parece mentira que hace poco más de cien años, la gente no tenía idea de cómo heredamos y transmitimos nuestros rasgos a nuestros hijos. Tampoco sabía por qué existe la gravedad, ni mucho menos que los átomos tenían una estructura molecular. Pero, ¿para qué viajamos tan lejos al pasado, si basta mirar los últimos 50 años para ejemplificar esto? La mayoría de nosotros nació sin celulares ni TV a color, menos internet. Nuestras conductas y conocimientos han tenido que adecuarse a esta revolución digital y, quienes no lo hicieron, simplemente quedaron fuera del juego.

Es claro entonces que en el mundo empresarial, las personas deberán desaprender sus viejos hábitos para adaptarse a un aprendizaje más ágil y colaborativo, un aprendizaje continuo en realidad, como una nueva forma de aproximación al trabajo. Y lo deberemos hacer para poder subsistir y porque ya comenzamos a aceptar que nuestro conocimiento actual no es suficiente para alcanzar nuestro potencial.

Entonces, comencemos a desarrollar un optimismo constructivo, lo que no significa obviar los problemas. Muy por el contrario, significa buscar alternativas. No creas todo lo que piensas, cuestiona lo que ves, lo que no ves y tus propias decisiones. Cuestiona lo que estás haciendo ahora y mucho más la forma en que has venido haciendo las cosas, cuestiona lo que hayas aprendido y lo que no, cuestiona tu actitud ante la vida y tus propias acciones. Cuestiónalo todo!.

Lo importante es saber que este proceso de cambio, de desaprender y aprender, no ocurrirá a menos que tomemos la decisión de hacerlo. Está en nuestras manos y nuestra voluntad decidir si nos adaptamos a estas nuevas exigencias del mercado. O no.

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